Av. Irrigación 144, Col. Alfredo Vázquez Bonfil
Celaya, Gto., México
Tel: (461) 61 257 16

triangle

ENSAYO 1. IMPLICACIONES ACADÉMICAS EN EL AULA AL ASUMIR EL DERECHO A LA EDUCACIÓN DESDE UNA PERSPECTIVA DE EQUIDAD E INCLUSIÓN EDUCATIVA

Patricia Alejandra Heredia Hinojosa[1]

hhpatya@hotmail.com

 

“La educación no es preparación para la vida, es la vida misma”         

John Dewey

PRESENTACIÓN

Quise iniciar mi ensayo con esta frase de John Dewey, porque coincido con su perspectiva: la educación no debe concebirse como un elemento mediático que prepare individuos para su desempeño profesional en la edad adulta; la educación es parte de la vida, de nuestra existencia, está presente en cada uno de nuestros actos y se refleja en nuestras acciones y actitudes para con los demás: “es la vida misma”.

 

          Por ello es tan importante que, como lo enfatiza Dewey en Democracia y Educación escrito en 1916 (Dewey, 1998: 82), “la educación formal sea el medio que permita la participación de sus beneficios a todos sus miembros”, el medio en el que cada quien haga lo que tiene que hacer según su aptitud y el educador sea quien ayude en este descubrimiento al educando. Con ello el autor enfatiza que la educación debe permitir que todos (no solo unos cuantos) participen del bien de la educación y que cada educando logre su desarrollo integral con una educación verdaderamente democrática.

 

Ahora bien, si contrastamos esta postura con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la UNESCO  en 1948 (Almenara, 2009: 17) y la declaración de Córdoba en el 2003 (Almenara, 2009: 3), vemos que después de 60 años, se sigue enfatizando el derecho a la educación, como derecho fundamental de cada individuo (Almenara, 2009: 65). Podemos establecer como un primer parámetro de la inclusión

“La educación para todos”,

de que tanto se ha hablado, es un derecho básico del individuo.

que “La educación para todos” –de que tanto se ha hablado-, es un derecho básico del individuo y que si se pretende conformar una sociedad verdaderamente democrática, esta es la primera garantía que debe cubrirse: que el acceso a la educación esté disponible para cada individuo.

 

DISCUSIÓN

Y… ¿qué pasa en nuestro país?  En México debemos asumir como un hecho de que a pesar de ser uno de los ejes de acción del PLANADE  y un compromiso  ante la UNESCO, la educación para todos hoy en día no es una realidad y que, por lo tanto, no existe una verdadera inclusión, tal como lo publicaba  el periódico mexicano La Jornada en abril de 2015:

 

…no alcanzó las metas, aunque "está muy cerca" en reducir 50 por ciento el analfabetismo en el país, garantizar la paridad e igualdad de oportunidades de acceso educativo para niñas y niños, pues si bien cumplió en primaria, no tuvo los mismos resultados en secundaria, mientras que tampoco logrará cumplir con garantizar una educación de calidad para todos ni dar oportunidades a jóvenes y adultos de alcanzar los aprendizajes indispensables. (Solano, 2015: 3)

 

Si la inclusión educativa está relacionada con el acceso y la participación en la educación de todos los alumnos, con especial énfasis en aquellos que están en riesgo de ser excluidos o marginados, esto no es una realidad en la práctica educativa porque existen personas adultas sin saber leer y el índice de deserción en educación básica de secundaria y bachillerato es aún elevado. Aún más: la equidad no alcanza a las familias donde la pobreza extrema persiste, pero la fortuna de unos cuantos sigue expandiéndose generándose una situación nacional donde, según estudio realizado en 2015 por OXFAM  acerca de la desigualdad social,  “El 1% de la población posee el 43% de toda la riqueza en México.”

 

 “El 1% de la población posee el 43% de toda la riqueza en México.”

La anterior aseveración parece exagerada, mas sin embargo señala en términos estadísticos una realidad que viven cada día más mexicanos. En nuestro país, para más de 50 millones de personas la prioridad es satisfacer necesidades de alimento, trabajo, salud y vivienda.  Entonces, un primer problema de inclusión y equidad no solo para los planes de gobierno sino también para los directivos, docentes de las instituciones educativas, padres de familia y sociedad en general, es asumir como primer reto que nuestra estructura social debe ser incluyente y equitativa en la satisfacción de las necesidades básicas que señalaba Maslow para, en un siguiente nivel, ocuparse de manera asertiva y pertinente de la inclusión y equidad en el aula.

 

DESARROLLO

Con lo antes expuesto no pretendo minimizar la importancia que tiene trabajar por la  inclusión en la escuela, pues considero que un docente bien preparado en su área, comprometido con su vocación, actualizado e inmerso en la problemática social, es pieza clave como propiciador de entornos de aprendizaje que favorezcan la inclusión y el análisis reflexivo de los sujetos a su cargo, bajo cualquier situación o contexto de la enseñanza.

 

          En materia de inclusión y equidad en el aula, fue en la Conferencia Mundial sobre  Educación para Todos, celebrada en 1990 en Tailandia  (Almenara, 2009: 64), donde la UNESCO establece las bases para la inclusión educativa, más allá de la integración que se recomendaba con relación específica a las personas con capacidades de educación especial.  En el 2005 declara que “La inclusión está relacionada con el acceso, la participación y los logros de todos los alumnos, con especial énfasis en aquellos que están en riesgo de ser excluidos o marginados.” (UNESCO, 2005)

Se hace además la observación enfática sobre el hecho de incluir en este acceso, participación y logros a quienes estén en riesgo de exclusión o marginación. ¿A quiénes se refiere?

 

          Es indiscutible que todos somos diferentes y aprendemos de manera diferente. Las diferencias son algo natural y consustancial a cualquiera de nosotros. Ya sean diferencias de origen social, cultural, de raza, de religión, de capacidades, de motivaciones, de intereses, de ritmos de aprendizaje, de estilos de aprendizaje… Es decir que la diversidad está presente en todas nuestras escuelas y en todas nuestras aulas. (Almenara, 2009: 64)

 

Ello significa que la diversidad en el aula ya no solo se refiere al alumno con diferencias étnicas, de preferencia sexual distinta o a aquellos que requieren un elevador para acceder al salón. ¡Todos los seres humanos somos diferentes! y, como lo menciona López Melero, "tenemos derecho a ser diferentes pero no desiguales." (Cfr. Almenara, 2009: 66).  Esta es, a mi parecer, la principal implicación académica en el aula respecto a la inclusión y equidad.  Se trata de que se establezcan políticas inclusivas; se desarrolle una cultura de inclusión; se trascienda de saberes estandarizados; se contemple la creación de ambientes de aprendizaje, de estrategias didácticas y de un proceso de evaluación que permita efectivamente que TODOS tengan el acceso, la participación y los logros esperados.  Sin embargo, tal como comenta Almenara en su artículo sobre inclusión educativa, “…se continúa enseñando a los alumnos y alumnas como si todos fuesen iguales, razón por la cual muchos alumnos experimentan dificultades de aprendizaje y abandonan la escuela.” (Almenara, 2009:64)

 

“…se continúa enseñando a los alumnos y alumnas como si todos fuesen iguales, razón por la cual muchos alumnos experimentan dificultades de aprendizaje y abandonan la escuela.”

            Los que somos docentes en la educación formal, o aquellos educadores cuya actividad educativa impacta de manera indirecta, tenemos un gran compromiso pues nuestra práctica tiene diversas implicaciones que subyacen en lo que he expuesto con antelación.  Por lo que si deseamos que la inclusión y equidad sean realmente practicadas en el aula (considerada como el espacio donde se efectúa el proceso de enseñanza-aprendizaje), requerimos considerar nuevas prácticas psicopedagógicas, con implicaciones específicas. Menciono aquí las que considero más importantes:

 

1. Implicaciones culturales. Se refieren a derribar paradigmas sobre las personas que hacen alusión a color de piel, nivel socioeconómico, religión, intereses o cualquier aspecto que pueda dar cabida a “etiquetar a las personas” para lograr, como lo menciona Dewey, democratizar la educación de manera que todos pueda vivenciar un aprendizaje compartido.  Esto solo se logrará desde el diálogo, desde la comprensión y desde la participación institucional. (Almenara, 2009: 68)

 

2. Implicaciones didácticas. Son aquellas vinculadas de manera directa al quehacer educativo. Aquí quiero incluir de manera literal cinco aspectos básicos considerados por Almenara como una barrera para la inclusión.

•   La continuidad de la competitividad existente en las aulas frente al trabajo cooperativo y solidario (referido tanto a alumnado como al profesorado) y en vez de entenderse el aula como una comunidad de aprendizaje.

•   El currículum, basado en disciplinas y en el libro de texto, no parte de una concepción amplia de currículum (basado en situaciones problemáticas) ni tiene en cuenta que la diversidad es la norma. Se trata, por tanto, de romper con el curriculum universal, idéntico para todos y causante de mayores desigualdades, puesto que no tiene en cuenta las condiciones contextuales y experienciales en los que se desenvuelve cada persona.

•   El continuar manteniendo una organización clásica, en vez de una organización de acuerdo a la actividad a realizar, diversificando la temporalización, los agrupamientos, posibilitando el aprendizaje compartido, flexibilizando los horarios.

•   El seguir manteniendo el perfil de profesor técnico-racionalista en vez del profesor investigador. Por ello que se hace necesaria la re-profesionalización del profesorado para la comprensión de la diversidad. Se trata de que el profesorado tenga las competencias profesionales que le permitan saber conjugar los conocimientos y los procesos con las actitudes para lograr una intervención en el aula autónoma y eficaz.

•   El no dar importancia a la colaboración entre la familia y el profesorado: una escuela democrática se fundamenta en el aprendizaje compartido y esto sólo se logrará desde el diálogo, desde la comprensión y desde la participación institucional.

 

CONCLUSIONES

Como lo he venido mencionando, que el docente asuma la inclusión y equidad en el aula implica, taxonómicamente hablando,  que se involucre en un proceso de concientización sobre el respeto a la individualidad y a la diferenciación de cada persona y sobre nuestro rol como facilitadores, como medio que permita a cada uno de nuestros alumnos el acceso al conocimiento, la participación en actividades didácticas que faciliten la comprensión y análisis de los contenidos a cada individuo, según sus capacidades, rendimiento, contexto y situación de tal manera que se dé   la obtención de un logro sobresaliente y no solo satisfactorio.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

ALMENARA CABRERA, Julio  y Margarita Córdoba Pérez (2009). "Inclusión educativa: Inclusión digital." REVISTA EDUCACIÓN  INCLUSIVA. Volumen 2. No. 1, pp. 61-77.

 

DEWEY, John. (1998). Democracia y Educación. Barcelona, España. Ed. Mc Millan. 434 pp.

 

OXFAM, M. (2015). Desigualdad Extrema en México. Concentración del Poder Económico y Político. http://www.oxfammexico.org/ (Recuperado el 13 de febrero de 2016).

 

SOLANO, L. P. (09 de abril de 2015). La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/

2015/04/09/mexico-solo-cumplio-dos-de-los-seis-objetivos-de-educacion-unesco-2751.html (Recuperado el 13 de febrero de 2016).

 

UNESCO (2005). Informe de seguimiento de la educación para todos. París: UNESCO.  http://www.es.unesco.org/gem-report/ (Recuperado el 10 de febrero de 2016).

 

[1] Maestra en Desarrollo Organizacional. Coordinación de Difusión y docente de Universidad Pedagógica Nacional Unidad 112.  Celaya, Guanajuato.